miércoles, 14 de agosto de 2013

Silencio...

Te has convertido en silencio y soy de ti, de esas manos que no me tocan, de los ecos que chocan vacíos contra mis muslos. Sin mar, sólo de sombras, de un fantasma que gobierna las noches y no me abriga. Silencio que estallas mis huesos, que suplicas caricias marchitas, que te acomodas en mi almohada y me atas a sueños perversos. Silencio que te apoderas de mis huellas y las borras lentamente de la vida de los otros. Silencio que me seduces, me posees y me abandonas. Silencio que duermes sonriendo, cuando en mi desvelo confuso sólo puedo mirar paredes inexistentes. Silencio que agota, silencio lanza… Silencio. Te has convertido en ausencia engastado entre tantos suspiros rotos que me sacuden. Soy tenue, inexistente, hoja de árbol, nívea en vez de verde. Me he quedado con el azul, sólo eso de ti tengo y un objeto inanimado que te contiene. Se va borrando tu aroma. En otro amanecer tal vez te encuentre.

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